Historia

 
No tarda en extenderse la rapiña y la lucha entre bandos nobiliarios. En Bizkaia los Mujika representan la cabeza del bando oñacino y los Abendaño al sur, la del gamboino. La mayoría de los linajes de la merindad de Durango, (Berriz, Unda, Etxaburu, Urkiaga, Muntxaraz, Marzana...) están con los Abendaño. Sólo los Zaldibar, encarnizados rivales de los Berriz, se encuadran en el bando de los Mujika. Paulatinamente todos estos clanes van consiguiendo que la monarquía les transfiera el cobro de los diezmos eclesiásticos de las iglesias locales, hasta entonces de realengo, y esta prerrogativa se revelará como una de sus fuentes de ingresos más saneadas. En 1353 Rodrigo de Berriz figura entre los principales exponentes del bando gamboino. Treinta años después, su hijo Juan Ruiz de Berriz adquiere el usufructo de la percepción de los diezmos de la anteiglesia. El siguiente eslabón de la cadena genealógica, Rodrigo Ibáñez de Berriz, ratifica su patronato sobre el templo en 1416. Y sus hijos Ochoa y Pedro Ruiz de Berriz continúan figurando en 1442 entre los principales aliados de los Abendaño. En el siglo XV la monarquía trata de imponerse frente a estos parientes mayores que actúan como jefes de los clanes que luchan entre sí por viejas querellas tribales. En ocasiones opta por canalizar sus energías bélicas contra el enemigo externo, el musulmán, y emprende aparatosas campañas contra el reino granadino en las que puedan desfogarse. Ahí encaja Ochoa López de Berriz, miembro de alguna rama colateral del linaje, que se distingue en la toma de Antequera en 1410. Y en este sentido resulta común toparse a finales del siglo XV con descendientes del linaje de Berriz ostentando cargos municipales en Córdoba, Jaén, Écija, Alhama de Granada... Son mercedes concedidas por los Trastámara en pago a sus servicios militares. Pero la principal estrategia esgrimida por la monarquía es, sin embargo, su alianza con el pueblo llano frente al señorío feudal. El campesinado, harto de apropiaciones indebidas de terrenos comunales y de exigencias fiscales abusivas, contribuyó gustosamente al derribo de las torres banderizas. Los parientes mayores tuvieron que replantearse sus estructuras de control social y reorientar sus bases económicas hacia el comercio urbano y el desempeño de cargos públicos en el seno del estado moderno. Y el campesinado, especialmente el segmento acomodado, salió fortalecido de la crisis bajomedieval puesto que el fuero le garantizaba la hidalguía universal, es decir igualdad jurídica frente a los jefes de los clanes y un status nobiliario que abriría muchas puertas a la legión de segundones que decidían hacer carrera en la iglesia, en la administración, en el ejército o en el Nuevo Mundo.