Historia

 
A mediados del siglo XVIII, el punto de máximo desarrollo, se registran veinte molinos. Uno de cada cuatro de los existentes de la merindad de Durango estaban enclavado en Berriz y los vecinos de las anteiglesias colindantes traían aquí su molienda. Algo similar, aunque en menores proporciones, ocurría con las ferrerías. Se documentan siete. Las de Berriz y Arria reflejan el antiguo poderío de los parientes mayores. Las de Olazarre y Olabarria representan la pujanza de la Modernidad. El resto son viejos molinos convertidos en ferrerías ante la creciente demanda de manufacturas metálicas (aperos de labranza para nuevas roturaciones, armamento para las campañas imperiales, complementos navales para las expediciones atlánticas...). Desde el punto de vista institucional los linajes banderizos continúan presentes en la anteiglesia, pero van desligándose de ella para conectar con el mundo urbano. Los Berriz, que por sucesivos cruces matrimoniales adoptan el apellido Gamboa en el siglo XVI y Villarreal en el XVII, conservan el derecho a percibir los diezmos parroquiales, pero a partir de 1650 fijan su residencia en Lekeitio. El mismo camino toman los Lariz. Solo los Arria permanecen en su solar, pero la vieja hegemonía señorial se ve eclipsada por las nuevas familias de notables rurales que, enriquecidas al calor de la molinería y la ferrería, monopolizan los cargos públicos de la anteiglesia.